El mueble no es una obra construida sólo
en maderas. Suele contener elementos metálicos, pinturas, vidrio, cristal,
piel, marfil, hueso, nácar, carey, telas, mimbres, etc.
Los materiales citados, por separado o
formando pequeños grupos, suelen ser objeto del trabajo de talleres
especializados para su tratamiento. No obstante, la tendencia en las últimas
décadas en nuestro país es un decremento progresivo tanto del número de estos
talleres como de la calidad de los trabajos que ofrecen. La dificultad, y a
veces la imposibilidad, de conseguir los resultados esperados en lo
relacionado con estas materias fuera del taller ha sido la causa fundamental
por la que éste ha ido abarcando competencias de otros oficios y la
adquisición de herramientas ajenos a los directamente relacionados con la
madera.
Actualmente, el taller se encarga, por
ejemplo, de la puesta a punto de cerraduras y bisagras originales, montaje y
decoración de pieles, esculpido de marfil y hueso, tratamiento del nácar y el
carey, y la limpieza y patinado de bronces y metales en general, dejando
siempre la puerta abierta para afrontar nuevos retos relacionados con otros
materiales si la situación lo requiriese.
Desde un punto de vista práctico se puede
entender que el restaurador moderno del mueble antiguo no sólo debe tener
nociones propias del restaurador y complementarias en los oficios relacionados
con la madera, como ebanista, tallista, escultor, charolista y dorador, sino
que está obligado, tal y como impone la realidad actual, a expandir el ámbito
de sus competencias hacia oficios relacionados con aquellos materiales
distintos a la madera y de presencia habitual en el mueble.